No entiendo por qué no puedo comprenderme. Llevo 26 años siendo yo y parece que aún no puedo entender por qué hago lo que hago o pienso lo que pienso.
Estuve feliz, sí, nerviosa pero feliz los días del Sembrando Talentos. Me sentía útil, entre profesionales hablando en un mismo idioma. Todo se entendía. Podría no salir obvio porque no puedo forzar el tiempo de estudio, pero tenía emoción. Entusiasmo de estar ahí y ver lo que podría llegar a ser. Como con esa energía que vibraba además de los instrumentos se creaban ambientes de disfrute catastrófico.
El concierto fue un goce total. El teatro Solis, donde vi mi primer concierto con cello solo, que llenó el ambiente con su sonido tan espectacular y llenó mi alma de música era el protagonista de mi propia experiencia ahora.
Recuerdo la primera vez que lo escuché me llené de temblores. Era como si las vibraciones del instrumento se transmitiesen a mi interior y de ahí a mi exterior no sin antes vibrar cada órgano de mi cuerpo y dibujar una sonrisa inexplicable en mi cara.
Lágrimas casi caen de mis ojos y no entendía como algo había podido hacerme sentir de esa manera. Tan loca.
Mis emociones revoloteaban por la melodía transitando de a pares inconexos e incomprensibles pero totalmente tácito a la hora de los hechos. Mi vida, mi futuro pasó delante de mis ojos y pensé "quiero sentir eso de nuevo".
Una razón para vivir. La fuerza de mi depresión es ese sentimiento. "No me quiero despedir de él tan rápido."
Pero pasó. Pasó y dejó la fuerza, la valentía, lo desconocido.. todo para que ese Teatro Solis no fuera en vano. Y mas allá de el terror a equivocarme, la desconfianza y la exposición, sé que lo disfruté. Lo viví y a veces se debe sufrir para ver que de verdad estas vivo y aferrarte a lo que mas querés en el mundo con todas las ganas.
En mis creencias racionales este instrumento tiene todo un capítulo. Mis miedos toda una saga y la música toda mi vida.